La muerte seca del desierto,
el humo de la desgracia del petróleo
y la desesperanza que trae el olor de
la carne secándose
al calor del sol y del fuego de las
bombas.
Y siempre la muerte,
siempre,
sin edad ni sexo,
sin raza ni religión,
y siempre el capricho occidental de la
dominación,
siempre.