domingo, 8 de marzo de 2009

Instantes

Se deslizó la noche entre sus ojos,
sobre la cama húmeda de placer y cervezas,
se rieron de sus defectos,
firmaron un pacto entre lágrimas y caricias,
se prometieron la eternidad,
nadaron sábana adentro buscando el control remoto,
se regalaron la piel,
el éxtasis,
el final,
se alimentaron el uno al otro,
limpiaron sus bocas con besos,
agradecieron el instante y se durmieron,
soñándose.

Demasiada reina para mi reino

Me mostró la corona en su ombligo,
y arrodillado ante su presencia,
entregué las llaves de mi reino,
me sometí a su voluntad
dibujando un mapa en su espalda
con el rumbo de mis antojos,
la tinta de mis dedos se hizo invisible
y supo que era su esclavo,
la pasta y el cepillo no se combinaron,
y el disco quedó rayado,
volamos calle abajo,
para aterrizar en mis dominios,
la agasaje con manjares orientales,
pero la prueba de mis besos no bastó,
para la reina de mi pequeño reino,
que abandonó la cama,
dejando una estela,
de sutil perfume,
el de su risa.

América


Estocadas inciertas,
los suspiros en los cuellos,
lenguas inquietas,
limpiando llagas,
resignación de los besos,
quitando el polvo a las plantas,
imaginando su muerte,
rápida,
sin dolor,
y ellas buscando esperma sano,
rubio,
de ojos claros,
y la tierra que se abre en bostezos,
entre montes y desmontes,
amasando tierra,
soplando tierra,
atravesando tierra,
tierra,
tierra,
América desgarrada,
partes que se parten,
las balas matan,
rápido,
sin dolor,
con ardor,
necesidad de la simetría,
de límites asimétricos,
separando pobrezas,
razas,
con la cruz a cuestas,
senos de madre,
repletos,
de leche agria,
perdida,
cuajada,
estómagos crujientes,
hinchados de hambre,
vacíos,
y los cerdos que se regeneran,
una vez más,
en trajes importados,
con miradas indiferentes,
y discursos alquilados,
una vez más.

América viviendo en el recuerdo de lo que nunca fue.