Hinchados de placer
no sabemos de qué lado vienen las balas,
acusamos a los tristes
y nos vamos convirtiendo en sábanas.
Huimos despacio,
pidiendo perdón con desgano,
ocultos en nuestras camas, los
lloramos,
y la vida nos pasa en imágenes
televisadas,
en un quirófano donde se desangran las
almas,
ascético,
eléctrico.
Con dos pastillas para el estrés
nos relajamos en la nada,
elevamos plegarias de mentiras,
hacemos compras digitales,
consumimos información,
amamos y odiamos
a los que nos aman y nos odian.
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